Una vez más, Alrededor del estadio hace un paréntesis en los estadios en sí para volver a Cibeles. Es lo que tiene que el Real Madrid haya tenido la posibilidad de hacer doblete en un año con Liga y Champions. Ni que decir tiene que lo ha conseguido con creces. Este fin de semana casi he tenido que hacer malabares para escribir un nuevo episodio en este blog ya que también estoy cubriendo la Copa del Mundo de gimnasia rítmica en Guadalajara y claro, yo no soy Dios y no puedo estar en dos sitios a la vez. De todas formas y aunque todavía no me lo crea, he vuelto a la Cibeles. Con la Duodécima bajo el brazo.

Con ayuda divina

Jesús Nazareno de Santaella, el santo que amilagró al Real Madrid desde un bar cercano a la Cibeles: CR.
Jesús Nazareno de Santaella, el santo que amilagró al Real Madrid desde un bar cercano a la Cibeles: CR.

En Madrid se habla mucho de fútbol durante todas las horas del día, en mi barrio también. Vamos, no hay día que vaya a la carnicería o al gimnasio y no tenga una conversación al respecto con la gente que trabaja allí. El carnicero siempre me ha dicho que era más fácil ganar la Liga que la Champions porque la Juve viene muy fuerte este año y apenas confiaba en el Real Madrid. Las casas de apuestas también decían lo mismo a pesar de que Solari escuchase todo lo contrario según nos contó en el último evento de la Fundación Real Madrid (damos por hecho que este último no vive en mi barrio). En cuanto a los monitores de mi gimnasio, ellos también tenían sus dudas, pero llevo días diciéndoles que sí, que el Madrid puede con eso y con más y que, si hacía falta, yo pondría en la tele una foto de Jesús Nazareno para que amilagrara a los blancos. Lo mismo hizo en su día mi primo cuando fue la final del Mundial  de Sudáfrica y el final, todos lo sabemos. La cuestión es que yo creía en el Real Madrid porque veo a sus jugadores psicológicamente muy bien preparados, pero como todo el mundo a mi alrededor dudaba tanto, pensé que quizá les hiciera falta ayuda divina. Para quien no me conozca, diré que soy una friki de la Semana Santa y que no tengo vergüenza de nada. Resulta que entro a un bar y le pido al camarero un pequeño favor: le doy una estampita de Jesús Nazareno de Santaella para que la ponga al lado del televisor asegurándole que es un santo muy milagroso. Tanto él como la compañera se ríen, pero me hace caso. Menos mal.

La Juve dura, el Madrid de siempre

La Juventus comenzó el juego dando la impresión de dureza. Con esto me refiero a que dominaban el balón y querían dejar claro quién iba a mandar en el césped. Además, estaban dispuestos a lo que sea, incluido a lastimar al contrario. El Madrid se vio contra las cuerdas. Parecía un milagro que Cristiano Ronaldo abriese el marcador, lo cual dio un pequeño respiro a todos los que estábamos en el bar, pero poco después, llegó Mandzukic y desafió a Keylor Navas ganándole la batalla. Mientras tanto, yo sentía que estaba ante los 90 minutos más largos de mi vida. Estaba temblando, tenía incluso ganas de llorar para descargarme los nervios. No era la única, pues hablaba con tres amigos más por el móvil y los tres de decían lo mismo. El marcador llegó 1-1 al descanso. Todavía no había nada perdido ni ganado, pero la Juve parecía tan fuerte…

El 1-2 llegaría por parte de Casemiro a favor del Real Madrid. Este jugador se ha caracterizado durante toda la temporada por ser el que más tarjetas amarillas ha acumulado y complicarle así la vida al equipo blanco. Hoy le ha tocado ejercer otro papel.

Con el 1-3, el bar empezó a calmarse. El autor del tercer tanto fue Cristiano. Como suele pasar en estas ocasiones, más de una vez la gente ha querido jubilarlo. Yo misma me otorgo el mea culpa siempre y cuando entendamos la jubilación por dejar de ser imprescindible. De todas maneras, el portugués está haciendo un final de temporada magnífico, tanto que ya ha hecho méritos como para ganarse el corazón del Bernabéu de por vida. Por favor, que no le piten nunca más.

El 1-4 fue obra de Marco Asensio. Este chavalito se merece tantas cosas… Los madridistas lo adoramos, tanto que cada vez que entra o sale del terreno de juego, el bar estalla en aplausos. Es todavía muy joven, pero de calidad está sobrado. Cada minuto en el césped, cada minuto que aprovecha y el Bernabéu será testigo de lo alto que va a llegar. De momento, ya puede presumir de haber marcado en una final de Champions. Y yo que me alegro por él igual o más que si lo hubiera hecho yo misma.

En conclusión, este Real Madrid ha vuelto a dejar claro que es consciente de que está llamado a hacer historia y en ningún momento se piensa bajar los pantalones. Da igual lo duro que venga el rival, pues los hombres de Zidane no le temen a nada ni a nadie y una vez se vienen arriba, se convierten en los dueños y señores del terreno de juego. Una vez más.

El bar estalló en aplausos, pero sinceramente, me hubiera gustado ver a la gente más animada de lo que la vi. Y eso que esta vez, tocaba en sábado.

Sin música no puedes venirte arriba

Aficionados en Cibeles saludando a la cámara de Córner-Rítmica: CR.
Aficionados en Cibeles saludando a la cámara de Córner-Rítmica: CR.

El Real Madrid acaba de ganar la Duodécima. Por primera vez en la historia, un equipo se proclama campeón de Europa por segundo año consecutivo dentro del formato Champions. Eso es motivo suficiente para venirse arriba y mucho más. Sin embargo, esta vez no estoy tan eufórica como cuando ganamos la Liga, quizá sea por el cansancio que tengo en el cuerpo. De todos modos, el ambiente tampoco anima. Cierto es que hay mucha gente en Cibeles entonando cánticos y sacudiendo sus bufandas, pero hace falta algo más. ¿Quizá música y un speaker? Tal vez. Por un momento, me dio hasta por pensar que los mismos organizadores se creían que el Madrid no iba a ganar la Champions y por eso no se lo trajeron. En realidad, se lo ahorraron porque los jugadores no van a ir por la noche a la Cibeles tal y como pasó con la Liga, sino que llegarán de madrugada al aeropuerto de Barajas y una vez descansen, harán todos los actos protocolarios tanto en el Ayuntamiento como en Sol. Una pena, porque mira que nos lo pasamos bien esperando a los jugadores. Quizá yo estuviese muy cansada, pero el caso es que hablaba con otros aficionados y todos me contaban lo mismo: se lo pasaron mejor cuando la Liga. Y es que sin música, no hay euforia que salte a la vista.

En el metro por sevillanas

Como no había jugadores a los que esperar ni euforia que descargar, decidí coger el metro antes de que lo cerraran. Ni que decir tiene que allí abundaban las camisetas del Real Madrid, pero lo que más me llamó la atención fue un grupo de amigos que estaba tocando las palmas con mucha gracia. Eran andaluces. De verdad, no sabéis la alegría que me da encontrarme con paisanos por Madrid. Ya os he dicho que yo soy una persona que tiene muy poca vergüenza y aunque canto fatal, pensé que era el momento ideal para dar a conocer unas sevillanas que le tenía escritas a Isco. No me acuerdo de si lo he dicho por aquí, pero el jugador malagueño este año ha lucido un juego que a mí me inspira lo más grande a la hora de sacar mi vena literaria y después del gol que le marcó al Atlético de Madrid en semifinales de Champions, le escribí unas sevillanas que algún día él mismo conocerá (cantadas por una voz más decente que la mía, obvio). Creo que así es como debe acabar una noche de Champions con final feliz: cantando, bailando y tocando las palmas. La fiesta continuará mañana. Que el ritmo no pare.

@Isabel_Arroyo

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