Sí, lo sé. Llevo siglos con El arroyito redondo abandonado hasta tal punto que el tema del que voy a hablar fue actualidad este verano, pero ya nadie ni se acuerda. Sin embargo, como en vísperas de Nochevieja toda la prensa y telediarios se dedican a repasar lo más destacado del año, ya tengo excusa para revivir este asunto y dejar clara mi opinión aquí en mi blog.

Carta de María Jiménez sobre Sara Carbonero

Sara Carbonero: Calcedonia.
Sara Carbonero: Calcedonia.

Hace unos meses, se hizo viral un artículo en el portal Tribus ocultas, de La Sexta, acerca de lo que sentía una desconocida periodista llamada María Jiménez al ver en la Gran Vía de Madrid un edificio entero cubierto por un cartel publicitario donde la protagonista era Sara Carbonero en bikini. Según Jiménez, ella conoce a Sara de haber compartido juntas pupitres en la universidad y el artículo explica lo distintos que pueden ser los caminos de dos personas que han estado en la misma clase. Como es evidente, a Sara le ha ido mucho mejor que a María y las preguntas de esta son las siguientes: “Qué paso dio Sara que yo no di o viceversa?” o “¿En qué me he equivocado?”

He de decir que yo soy de la misma edad que Sara y María pero estudié Periodismo un poco más tarde y en otra ciudad, así que no conozco personalmente ni a una ni a otra. Sin embargo, como conocedora de lo dura e injusta que es esta profesión, sí que me atrevo a numerar semejantes circunstancias que han hecho que las cosas sean así y no al revés:

“Cuando miro atrás y repaso mi vida, solo veo saltos de trabajo en trabajo por la maldita crisis, clases de inglés para intentar no quedarme atrás con el maldito (y demandado) bilingüismo, mudanzas en busca de un alquiler asequible, relaciones sentimentales fallidas y auténticos malabarismos para llegar a fin de mes”, afirma María en su artículo y por desgracia, esta es la dura realidad de tantos y tantos profesionales del periodismo que con suerte, han llegado a meter la cabeza en el gremio. Para informarme de quién es esta chica, me he leído algunos de sus artículos y tengo que decir que me gusta su forma de escribir, más que la de Sara Carbonero. Leyendo y leyendo, encontré esta entrada en Tribus Ocultas:

https://www.lasexta.com/tribus-ocultas/artes/pagan-mierda-preparado-que-estoy-millennials-creen-dios_201806135b2cbdf70cf2e03a5ef3aeff.html

Según María Jiménez, que alguien no quiera echar más horas fuera de su horario laboral si estas no están remuneradas o que alguien se queje de que le pagan una miseria para la formación que tiene ya es creerse Dios. Madre mía, en ese caso, yo seré más prepotente que Mourinho y Cristiano Ronaldo juntos bajo el punto de vista de la prensa deportiva catalana. Más de una vez me he preguntado cómo es posible que un periodista, alguien que ha tenido que empollarse una carrera durante unos cuantos de años para lograr un título universitario, se conforme a estar explotado durante todo el día por cuatro duros que no le garantizan un mínimo de calidad de vida y vea cómo los porculeros de su clase del instituto han acabado trabajando en Mercadona con un sueldo superior. ¿Quién tiene la culpa de esta situación? Culpables hay más de uno, pero si ningún periodista aceptase trabajar por un sueldo basura, quizás los sueldos basura desapareciesen en este contexto. Querida María, antes te estabas preguntando el por qué sigues siendo una hormiga obrera más, ¿no? Pues ya lo sabes.

Pantallazo del momento del beso entre Iker Casillas y Sara Carbonero en el Mundial de Sudáfrica: Mediaset.
Pantallazo del momento del beso entre Iker Casillas y Sara Carbonero en el Mundial de Sudáfrica: Mediaset.

Sara Carbonero no ha trabajado por cuatro duros. A ella se le han presentado un montón de ofertas de trabajo bien reconocidas y bien remuneradas y ella las ha aceptado: ¿Quién no lo habría hecho en su lugar? De todas formas, bajo mi punto de vista, Sara Carbonero no es ni de lejos un ejemplo del éxito periodístico ya que la mujer de Iker Casillas en la actualidad no vive del periodismo: vive del postureo. Influencer le llaman a esa profesión, la cual nació como la afición de colgar vídeos en You Tube de algunos jóvenes que querían compartir con los demás sus trucos acerca de la moda, peinados, maquillaje, videojuegos, humor, etc. Como eran tan cercanos con el público, las marcas se fijaron en ellos para mostrar sus productos y demás. A día de hoy, muchos influencers juran y perjuran que ellos no trabajan por dinero. Sara Carbonero no es de esas. Muy bien que hace. Esta profesión es muy reciente, pero no por ello deja de ser una profesión y como tal, debe ser remunerada y darte para vivir. Quizá me esté metiendo en camisa de once varas porque no es un asunto que pueda contrastar, pero tendría que verlo para creerme que una marca le ofrezca a Carbonero un vestido para que se haga una foto y la suba a Instagram con él puesto a cambio simplemente de darle las gracias. ¿Cómo va a ser así? ¡Por Dios, que es Sara Carbonero! ¡Su nombre ya lo es todo! ¡Que es la reportera de deportes más sexy del mundo y una de las mujeres más guapas de nuestro país! Ya ves, querid@ periodista: Sara Carbonero no debe regalar su nombre y su físico, pero a ti sí que te obligan a vender tu formación universitaria por cuatro perras gordas. Y lo aceptas.

Como he dicho antes, Sara Carbonero no es un ejemplo de éxito en el periodismo. Muchos dirán que su belleza le ha abierto muchas puertas. Más que cierto. Sin embargo… ¿acaso su físico le ha ayudado a romper el techo de cristal? Pues no, no solo no ha roto el techo de cristal sino que además, nos ha hecho un flaco favor a las que veníamos detrás. Y es que la prensa (de todas las especialidades) alardea de que cada vez hay más mujeres dentro del periodismo deportivo. ¿Ah, sí? Observemos los programas de deportes en la televisión: ¿Hay alguna jefaza? ¿Hay alguna comentarista que narre partidos de fútbol? ¿Hay alguna que esté gorda y sea el claro ejemplo de que está ahí por ser una buena comunicadora y no por ser una Barbie? No, señores. Le duela a quien le duela, se irrite quien se irrite, el papel de las periodistas deportivas en televisión es el de simples mujeres florero. Si queremos cambiar los roles, para empezar, ni la periodista que mida 90-60-90 se debería prestar a eso.

Yo también me otorgo el mea culpa

A estas alturas de la entrada, creo haber dejado claro qué es lo que María Jiménez y Sara Carbonero han hecho mal. María se queja de que ha luchado con todas sus fuerzas para llegar alto y no ha conseguido ni la mitad de lo que ha conseguido Sara. Pues bien, algo habré hecho yo también mal cuando ni siquiera he logrado ni la mitad de lo que ha logrado María. Y sé perfectamente lo que es. Resulta que yo terminé la carrera en plena crisis económica y las expectativas de futuro brillaban por su ausencia. Todos los medios de comunicación redujeron sus plantillas, así que como para contratarme a mí por muy buena que fuera en lo mío. También se dieron a conocer otros portales digitales de noticias deportivas nuevos en los que buscaban colaboraciones no remuneradas con la promesa de que si el proyecto llegaba a buen puerto, contarían conmigo ya para trabajar allí oficialmente. Y yo, como tonta, desesperada e inocente, caí. Ya veis, si antes le reprochaba a María Jiménez que vendiera su preparación por cuatro duros, reconozco que lo mío no tiene perdón de Dios. Insisto, no lo tiene. Caí en la trampa una sola vez y no más, pero qué más da, si detrás de mí hay estudiantes de Periodismo y recién titulados dispuestos a hacer ese trabajo y tan contentos de que así adquieren experiencia. Señores, prestarse a trabajar gratis para estas plataformas con el fin de que algún día nos contraten como Dios manda es exactamente igual que ser la amante de un hombre casado que te promete todos los días que va a dejar a su mujer cuando en realidad, no tiene la más mínima intención de divorciarse. Recuerdo una vez que me llamaron desde una radio en Internet para trabajar allí y cuando voy creyendo que se trataba de una entrevista de trabajo, me dicen que allí no cobra nadie porque se trata de un proyecto en construcción y no tenían dinero para pagarle a la gente. Como os podréis imaginar, lo rechacé, pero lo más curioso de todo es que previamente me había informado de esa radio y descubrí que llevaba diez años en funcionamiento. En serio, ¿en diez años no habían generado ingresos para pagarle a aquellos locutores?

Está visto y comprobado que dentro del mundo del periodismo sobran muchos sinvergüenzas. Cuando estaba haciendo prácticas en una radio, la locutora me dijo que los periodistas que estaban empezando normalmente no cobraban porque muchos jefes creen que para empezar a cobrar, tienes que ser un crack. Claro que sí, todo el mundo sabe que los periodistas consagrados comen todos los días y los periodistas novatos viven del aire. Por cierto, lo de crack… No es por echarme flores, pero si a mí me dieran un euro por cada vez que algún conocido me ha dicho que soy un talento desperdiciado… El caso es que cada vez que he acudido a algún medio de comunicación buscando una oportunidad, me han dicho que soy única, que soy una enciclopedia del deporte, que escribo maravillosamente bien y que mi inteligencia y mi originalidad me van a ayudar a llegar muy lejos, pero lo cierto y verdad es que todavía estoy esperando que los autores de semejantes halagos me den esa oportunidad con contrato y remuneración digna. Otra cosa que tengo que confesar es que hace tiempo me apunté al gimnasio y allí me he tirado horas y horas de entrenamiento, pero no para tener un tipazo, sino para salir de la obesidad. ¿Tendrá que ver una cosa con la otra? Sospechosamente sí.

Pues eso. El periodismo no es tarea fácil, pero mucho más difícil lo estamos haciendo entre todos. El periodismo es periodismo, no es postureo (trabajo también muy digno, pero no confundir con nuestro gremio). Dentro del periodismo deportivo faltan las mujeres, sobran los floreros. Y el trabajo periodístico no es el dibujo de un niño de parvulitos al que los mayores le dicen que está precioso y el pobre se queda tan conforme. Querid@ periodista formad@ y pringad@, repite conmigo ese lema que hace tiempo puso un grito en Twitter contra los trabajos basura de los redactores: Gratis no trabajo. #GratisNoTrabajo. Y ya que estamos, repite conmigo un refrán que se suele decir en mi pueblo en estos casos: Para ser puta y no cobrar, mejor eres decente.

 

 

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