Lo mejor de 2016. Parte 4

La mayor aspiración que puede llegar a tener un deportista de élite es conseguir una medalla de oro en unos Juegos Olímpicos. Ese momento de subir al podio, que un pez gordo te cuelgue la presea en el cuello y te dé la enhorabuena, que baje la bandera de tu país y suene el himno en honor a ti y a tus compañeros en caso de que el triunfo se haya conseguido en equipo… Madre de Dios, no creo que existan palabras que puedan describir ese momento que por desgracia, yo en la vida viviré.

Muchos deportistas adquieren un reconocimiento y se consagran sin necesidad de subir a lo más alto del podio olímpico. En realidad, tampoco hace falta. Sin embargo, hay veces en las que el atleta tiene el menester de lograr ese metal y no por prestigio, sino simplemente porque se lo merece más que nadie. Me gustaría mencionar en este artículo todos los ejemplos existentes en el mundo a lo largo de la historia, pero ni que decir tiene que me es imposible, así que solo he seleccionado tres casos de medallas de oro conseguidas en Río. No están todos los que son, pero sí son todas las que están.

Mireia Belmonte: la elegida

Mireia Belmonte: @missbelmont.
Mireia Belmonte: @missbelmont.

Podría haber sido otra cualquiera, pero fue ella la primera en abrir el medallero de Londres 2012, es decir, aquellos Juegos Olímpicos en los que el deporte femenino español se ganó un hueco en nuestras pantallas y en nuestros corazones debido a la gran mayoría de medallas con nombre de mujer. Primero llegó una plata para Mireia Belmonte y después llegaría otra para su colección personal.

Tras los Juegos Olímpicos de Londres, llegaron más medallas en europeos y mundiales tanto de piscina corta como de piscina larga. Vamos, que por ganar, hasta se ganó una portada en Marca en 2014 quitándole el protagonismo al comienzo de la Liga. Señores, la ocasión lo merecía. Cuatro años después, Mireia volvió a abrir el medallero de la delegación española, esta vez, con un bronce. Todos teníamos puestas las esperanzas en ella a la hora de aumentar el número de metales e independientemente del resultado, la íbamos a querer igual. Sin embargo, la nadadora de Badalona no se conformaba con inaugurar el medallero español sino que además, tuvo que ser ella también la que consiguiera que el Himno de España sonara en Río por primera vez. Se lo merecía. Se lo merecía más que nadie. Mireia Belmonte es una de las nadadoras más respetadas del panorama actual y por fin su esfuerzo se vio recompensado con una presea de oro. Y es que nadie mejor que ella para poder abrir el camino, no podríamos tener una mejor elegida.

Carolina Marín: orgullo patrio de máximo nivel

Carolina Marín recibe los aplausos de su Huelva natal: @caro_marin93.
Carolina Marín recibe los aplausos de su Huelva natal: @caro_marin93.

Carolina Marín pasará a la historia como la pionera del bádminton en España. Hace unos años, este deporte era totalmente desconocido en nuestro país, pero llegó la onubense al Mundial 2014 y se convirtió en la primera jugadora no asiática en proclamarse campeona del Mundo. A partir de ahí empezó a acaparar portadas de prensa y su nombre empezó a ser conocido entre las masas. Y es que ante la revolución del deporte femenino español, Carolina no quiso perder la oportunidad de subirse al carro.

A Río 2016 llegó sabiendo lo que era ser campeona de Europa y campeona del Mundo por partida doble, por tanto, era consciente de que estaba preparada para convertirse en la nueva campeona olímpica. Sin embargo, su rival india no se lo iba a poner nada fácil. Eso fue precisamente lo más bonito del partido. La verdad es que no hacía falta saber mucho de bádminton para comprobar que se trataba de un duelo entre dos jugadoras de máximo nivel. Adrenalina, emoción, talento, furia… Por Dios, qué bonita la final de Carolina. Yo misma reconozco que lloré de alegría.

Ruth Beitia: la que mejor lo hace

Ruth Beitia se hace un selfie con el rey Felipe VI: @ruthypeich.
Ruth Beitia se hace un selfie con el rey Felipe VI: @ruthypeich.

Si hay alguna medalla de chocolate que dé rabia de verdad, es el cuarto puesto que obtuvo Ruth Beitia en los Juegos Olímpicos de Londres 2012. Ese mismo año, la cántabra ya se había proclamado campeona de Europa, pero ya advertían los comentaristas de que unos Juegos Olímpicos son palabras mayores. Después de aquella competición, la saltadora española estaba preparada para decir adiós al deporte de élite. Suerte que luego volvió porque si no, menudo espectáculo nos habríamos perdido los amantes del atletismo.

Beitia se convirtió en julio en la primera saltadora de altura en proclamarse campeona de Europa tres veces consecutivas. Según contó a la prensa, llegaba a Río mejor que nunca tanto física como mentalmente. Llegó la hora y tenía que demostrar que es la mejor. Lo hizo. Una vez más, los medios destacaron que Ruth se había convertido en la primera mujer española en adjudicarse un oro olímpico en atletismo. Independientemente de esta hazaña, lo cierto y verdad es que su carrera había tomado un camino que tenía que desembocar en lo más alto del podio de Río sí o sí, de tal modo que nadie se merecía este título más que ella y nadie mejor que Ruth para demostrar que con esfuerzo y mentalidad positiva, nada es imposible. A los hechos me remito.

@Isabel_Arroyo

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