Las Niñas de Oro son el espejo donde el Equipaso se refleja de cara a la posibilidad de subir al podio en Río

En las distintas modalidades que se disputan cada cuatro años en los Juegos Olímpicos, no todos los países pueden presumir de llegar y besar el santo. Parece que fue ayer, pero hace ya más de dos décadas (1993) desde que el Comité Olímpico Internacional aceptase incluir la categoría de conjuntos en gimnasia rítmica dentro del programa olímpico. Atlanta sería el escenario testigo de tal estreno y las primeras gimnastas en estrenar el escalón más alto del podio defendían los colores de la bandera rojigualda.

A base de una perfecta coordinación y unos lanzamientos con recogidas imposibles, Nuria Cabanillas, Estíbaliz Martínez, Lorena Guréndez, Tania Lamarca, Marta Baldó y Estela Giménez dejaron a todo un país sin respiración, embelesado por la belleza de sus ejercicios. ¿Para qué sirvió tanto sacrificio, tantas dietas, tanto entrenamiento y tanto tiempo alejadas de sus seres queridos? En resumidas cuentas, para hacer historia. Para la historia quedaron también las lágrimas de Tania Lamarca mientras estaba subida en el podio escuchando el himno de España, que sonaba en honor al equipo campeón.

TaniaLamarca

Homenaje en Badajoz

Una de las componentes de aquel equipo, Nuria Cabanillas, imparte un campus de verano todos los años en su ciudad, Badajoz, donde las niñas no solo perfeccionan sus técnicas en gimnasia rítmica durante nueve días, sino que también aprenden los valores que defiende este deporte. Este año celebraba su X edición, la cual coincidía con el XX aniversario de la medalla de oro en Atlanta. Sin duda, la ocasión perfecta para homenajear a la Niñas de Oro y a la gimnasia rítmica española en general.

De la mano de Nuria Cabanillas y su organizador de eventos de confianza, Francis Flores, el Palacio de Congresos de Badajoz retrocedió en el tiempo, concretamente, hasta los orígenes de los Juegos Olímpicos. La arpista pacense Whiteveil armonizó la velada con su instrumento vestida de diosa griega mientras que las niñas participantes del campus exhibían sus coreografías en el escenario. De la Antigua Grecia a Barcelona 92, momento en el que España obtiene su primera medalla olímpica de la historia en gimnasia rítmica, concretamente, la plata de Carolina Pascual. A sus 40 años, la ex gimnasta alicantina demostró con un ejercicio de aro y todo el público de pie que no ha perdido ni un ápice de la agilidad que en su día la llevó al podio.

El momento más emocionante llegó a la hora de recrear el pedestal de Atlanta 96. A las que fueran campeonas olímpicas se sumaron otras compañeras como Maider Esparza (gimnasta suplente en aquellos Juegos), Carolina Pascual (plata en Barcelona 92), las olímpicas Alba Caride, Almudena Cid, Carolina Malchair y Marta Calamonte y el equipo junior español. El himno de España volvió a sonar y los aros olímpicos bajaban del techo mientras que los allí presentes no paraban de aplaudir demostrando que a día de hoy, la hazaña de las Niñas de Oro sigue viva.

De las Niñas de Oro al Equipaso

La última posición que ha ocupado España en unos Juegos Olímpicos ha sido la cuarta plaza de Londres 2012. Para muchos, esa medalla de chocolate significaba la rabia de no haber podido subir al podio por muy poquito, pero en realidad, lo que delataba ese cuarto lugar era un aviso de que la gimnasia rítmica española en conjuntos estaba reconstruyendo los cimientos para volver a ser lo que fue.

En 2013 y 2014, el Equipaso (así se han bautizado estas gimnastas) se proclamó campeón del mundo en el ejercicio de mazas y en 2015 fue bronce en la general, medalla que les dio un billete directo para Río sin necesidad de tener que pasar por el preolímpico.

En lo que llevamos de 2016, Alejandra Quereda, Lourdes Mohedano, Artemi Gavezou, Elena López y Sandra Aguilar no se han bajado del podio ni en europeos ni en Copas del Mundo, por tanto, una medalla en Río sería la guinda del pastel y el mejor homenaje que le podrían ofrecer a las Niñas de Oro y su legado. Las posibilidades reales existen.

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